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Libro

Escuelas Creativas - Ken Robinson

Escuelas Creativas

La revolución que está transformando la educación

9,95 €

10,54 $

Disponibilidad: inmediata

Autor: Ken Robinson

Editor: DeBolsillo

Libro

Págs: 368

Formato: 12,5 x 19

Año de edición: 2016

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DESCRIPCIÓN

En una época en la que los procesos de evaluación se estandarizan, las escuelas pasan por momentos difíciles y tanto estudiantes como educadores sufren una presión enorme, Robinson nos ofrece en este libro soluciones prácticas para terminar con el caduco sistema educativo actual heredado de la Revolución Industrial.

Para lograrlo, propone darle a la educación un enfoque personalizado. Sugiere aprovechar el potencial de los recursos tecnológicos y profesionales disponibles y fomentar así la participación de los estudiantes para que pierdan el miedo a equivocarse, desarrollen su pasión por aprender y su creatividad, y estén preparados para afrontar los retos que les depare el futuro.

Robinson desarrolla en Escuelas creativas las ideas de su famosa charla TED «Cómo la escuela mata la creatividad» y ofrece soluciones innovadoras y revolucionarias para uno de los problemas más relevantes de nuestra sociedad: cómo transformar un sistema educativo que no funciona.

Repleto de anécdotas, casos, investigaciones y consejos de profesionales pioneros en el tema, Escuelas creativas apasionará a cualquier interesado en la educación, porque le hará replantearse muchas ideas preconcebidas y le ayudará a reflexionar sobre cuál es realmente el verdadero sentido de la educación en el siglo XXI.

Grandes autores e investigadores de la educación opinan...

«Escuelas creativas es un libro maravilloso y ameno. Hace que te replantees el sentido auténtico de la escuela, el aprendizaje y la creatividad.» Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014

«"Capta mi interés." Robinson y Aronica convierten estas tres palabras en un lema para la educación del futuro. No hacemos la educación para los alumnos, sino con ellos. Espero que todos los profesores y padres lean este libro.» Seth Godin

«Olvida la cháchara acerca de la irrupción de la tecnología y de la economía en la educación. Ken Robinson y Lou Aronica nos explican de forma clara los cambios necesarios si queremos una educación de calidad.» Howard Gardner, autor de Inteligencias múltiples «Ken Robinson es el mayor y más influyente defensor de la transformación global de la educación; su clarividencia, pasión y perspicacia han inspirado a millones de personas, yo incluido. Este libro no es una celebración de lo que se puede conseguir.» Richard Gerver

INTRODUCCIÓN

Un minuto antes de medianoche

¿Le preocupa la educación? A mí, sí. Una de mis mayores preocupaciones es que, pese a las reformas que se están llevando a cabo en sistemas educativos de todo el mundo, muchas de ellas están impulsadas por intereses políticos y comerciales que tienen una idea equivocada de cómo aprende la gente y de cuál es el verdadero funcionamiento de las grandes escuelas. Como consecuencia, están perjudicando las perspectivas de futuro de innumerables jóvenes. Tarde o temprano, para bien o para mal, usted o algún conocido también se verá afectado. Es importante saber en qué consisten dichas reformas. Si está de acuerdo conmigo en que no avanzan en la dirección correcta, espero que se convierta en parte del movimiento en favor de un planteamiento más integral que cultive los variados talentos de nuestros hijos.

En este libro quiero exponer cómo la cultura de la normalización está perjudicando a los alumnos y a las escuelas, y presentar una forma distinta de entender la educación. También quiero mostrar que, sea quien sea y esté donde esté, usted tiene poder para cambiar el sistema. Los cambios ya han empezado. En todo el mundo hay muchas escuelas magníficas, profesores maravillosos y líderes inspiradores que están trabajando de forma creativa para brindar a los alumnos la clase de educación personalizada, compasiva y orientada a la comunidad que necesitan. Hay distritos escolares enteros, e incluso sistemas nacionales, que están avanzando en esa dirección. Dentro de estos sistemas, personas de todas las clases sociales están exigiendo los cambios por los que yo abogo aquí.

En 2006 di una charla en el congreso organizado por la TED en California titulada «¿Las escuelas destruyen la creatividad?». La idea fundamental de aquella charla era que todos nacemos con grandes talentos naturales, pero que, después de pasar por la escuela, muchos hemos perdido esas cualidades. Como dije en esa ocasión, muchas personas brillantes no creen en sus capacidades porque aquello en lo que destacaban en la escuela no se valoraba o incluso se estigmatizaba. Las consecuencias son catastróficas para los individuos y para la salud de nuestras comunidades.

Mi charla ha sido la más vista desde que se creó la TED, con más de treinta millones de visualizaciones en línea, y se estima que la han visto trescientos millones de personas de todo el mundo. Evidentemente no he recibido tantas visitas como la cantante Miley Cyrus, pero yo no me contoneo como ella.

Desde que mi charla se publicó en internet, alumnos de diferentes nacionalidades se la han enseñado a sus profesores o a sus padres, y estos a sus hijos, y lo mismo han hecho muchos docentes con los directores de sus escuelas. También se mostraron interesados directores de distritos escolares que recomendaron su visionado a su comunidad. Es evidente, pues, que no soy el único que defiende esa opinión. Y cabe añadir que estas preocupaciones no son recientes.

En 2014 di una charla en un colegio universitario del Medio Oeste de Estados Unidos. Durante la comida, uno de los profesores me preguntó: «Ya llevas mucho tiempo con esto, ¿verdad?». Yo le respondí: «¿Con qué?». A lo que él contestó: «Intentando cambiar la educación. ¿Cuánto tiempo llevas ya? ¿Ocho años?». Yo le dije: «¿A qué te refieres con ocho años?». Y su respuesta fue: «Ya sabes, desde la charla para la TED». Yo repuse: «Sí, pero estaba vivo antes de eso....». Llevo más de cuarenta años trabajando en el ámbito de la educación como profesor, investigador, formador, examinador y asesor. También he colaborado con todo tipo de personas, instituciones y sistemas educativos, así como con empresas, gobiernos y organizaciones culturales. He dirigido iniciativas prácticas con escuelas, distritos y gobiernos; he impartido clases en universidades y he ayudado a fundar nuevas instituciones. En todas estas actividades, siempre he presionado para que la educación tenga un planteamiento más equilibrado, individualizado y creativo.

En estos últimos diez años he oído a muchas personas quejarse de los efectos letárgicos que los exámenes y la educación normalizada han tenido en ellas, en sus hijos o en sus amigos. A menudo, se sienten impotentes y afirman que no pueden hacer nada para cambiar la educación. Algunas me dicen que les gusta escuchar mis charlas en línea, pero que se sienten frustradas porque no especifico cómo pueden transformar el sistema educativo. Tengo tres respuestas. La primera es: «Era una charla de dieciocho minutos; deme un respiro»; la segunda: «Si de verdad le interesa lo que pienso, he publicado otros libros, informes y estrategias sobre el tema, que pueden serle de utilidad.1 La tercera respuesta es este libro.

La gente me hace a menudo las mismas preguntas: ¿qué le ocurre al sistema educativo y por qué? Si pudiera cambiar la educación, ¿cómo sería? ¿Habría escuelas? ¿Las habría de diversos tipos? ¿Cómo funcionarían? ¿Tendrían que asistir todos los niños, y a partir de qué edad? ¿Habría exámenes? Y, si usted afirma que yo puedo cambiar la educación, ¿por dónde empiezo?

La pregunta fundamental es: ¿para qué sirve la educación? La gente discrepa mucho sobre este tema. Al igual que «democracia» y «justicia», «educación» es un ejemplo de lo que el filósofo Walter Bryce Gallie denominó «conceptos esencialmente controvertidos». Tiene un significado distinto para cada persona, en función de los valores culturales y de cómo se perciben cuestiones como el origen étnico, el sexo, la pobreza y la clase social. Pero eso no nos impide reflexionar sobre ella ni buscar soluciones al respecto; solo necesitamos tener claros los términos.2 Así pues, antes de proseguir, diré unas palabras sobre los términos «aprendizaje», «educación», «formación» y «escuela», que a veces se confunden.

«Aprendizaje» es el proceso durante el que se adquieren nuevos conocimientos y destrezas. Los seres humanos somos organismos vivos con una gran curiosidad por aprender. Desde que nacen, los niños tienen una sed de aprendizaje inagotable. Para muchos de ellos, demasiados, su paso por la escuela va apagando esa sed. Mantenerla viva es la clave para cambiar la educación.

«Educación» hace referencia a programas de aprendizaje organizados. La premisa de la educación reglada es que los niños necesitan saber, entender y hacer cosas que jamás podrían aprender solos. Cuáles son estas y cómo debería articularse la educación para ayudar a los alumnos a aprenderlas son temas centrales a este respecto.

«Formación» es un tipo de educación que se centra en aprender destrezas específicas. Cuando yo estudiaba, recuerdo acaloradas discusiones sobre la dificultad para distinguir entre «educación» y «formación». La diferencia quedaba patente cuando abordábamos la sexualidad. La mayoría de padres agradecen que sus hijos adolescentes reciban clase de educación sexual en la escuela; pero, probablemente, no aprobarían que les dieran formación sexual.

Con «escuelas» no me refiero únicamente a los centros convencionales para niños y adolescentes a los que estamos habituados, sino a cualquier comunidad de personas que se reúnen para aprender juntas. «Escuela», en mi acepción del término, comprende la educación en casa, la no escolarización y los encuentros informales tanto en persona como en línea desde la guardería hasta finalizada la universidad. Algunas características de las escuelas convencionales no fomentan el aprendizaje; es más, pueden entorpecerlo de forma activa. Necesitamos un cambio drástico, y para ello es necesario recapacitar sobre cómo funcionan las escuelas y qué se promueve en ellas. También requiere que confiemos en una educación distinta.

A todos nos encanta que nos cuenten historias, aunque no sean ciertas. Estas nos ayudan, a medida que crecemos, a conocer el mundo que nos rodea. Algunas se refieren a acontecimientos y a personajes de nuestro círculo de familiares y amigos. Otras forman parte de la cultura más amplia a la que pertenecemos: los mitos, las fábulas y los cuentos de hadas sobre nuestra forma de vida que han cautivado a la humanidad durante generaciones. En las historias que se cuentan a menudo, la línea entre la realidad y la ficción se desdibuja hasta tal punto que es fácil confundirlas. Esto mismo sucede con la versión que suele darse del sistema educativo y que muchas personas consideran cierta, aunque no lo sea ni, de hecho, no lo haya sido nunca. Dice así:

Los niños van a la escuela de enseñanza primaria fundamentalmente para adquirir conocimientos básicos en lectura, escritura y matemáticas. Estos son esenciales para que su rendimiento académico sea satisfactorio durante la enseñanza secundaria. Si siguen estudios superiores y se gradúan con nota, encontrarán un trabajo bien remunerado y el país también prosperará.

En esta versión del modelo educativo, la verdadera inteligencia es la que utilizamos en los estudios académicos: los niños nacen con distintos grados de inteligencia y, por tanto, algunos sirven para estudiar y otros no. Los que son muy inteligentes van a universidades prestigiosas con otros compañeros igual de brillantes en el ámbito académico. Los que se gradúan con nota tienen asegurado un trabajo profesional bien remunerado con despacho propio. El paso por la escuela de los alumnos que no poseen una inteligencia innata tan elevada no resulta tan satisfactorio. Algunos suspenderán o abandonarán los estudios. Aquellos que terminan la enseñanza secundaria pueden decidir no continuar estudiando y buscarse un trabajo mal pagado. Otros proseguirán los estudios, pero optarán por una formación técnico-profesional menos académica que les reportará un trabajo administrativo o manual decente, con una caja de herramientas propia.

Cuando se plantea de forma tan negativa, esta interpretación del sistema educativo acaba pareciéndose a una caricatura. Pero, cuando consideramos lo que sucede en muchas escuelas, cuando escuchamos las ambiciones que muchos padres tienen para sus hijos, cuando reflexionamos sobre lo que están haciendo numerosos legisladores en todo el mundo, parece que sí opinan que los sistemas educativos actuales son válidos en lo fundamental; aunque, según ellos, no funcionan tan bien como deberían porque ya no se exige tanto como antes. En consecuencia, casi todos los esfuerzos se centran en aumentar los niveles académicos recrudeciendo la competencia y exigiendo más responsabilidades a las escuelas. Tal vez usted esté de acuerdo con esta versión del modelo educativo y se pregunte qué hay de malo en ello.

Esta versión es un cuento que entraña muchos peligros, además de ser uno de los principales motivos por el que muchos intentos de reforma fracasan. Al contrario, a menudo agravan los problemas que afirman estar resolviendo, como las alarmantes tasas de abandono escolar y universitario, los índices de estrés y de depresión (incluso de suicidio) entre los alumnos y los profesores, la disminución de valor de las titulaciones universitarias y el vertiginoso aumento de su coste, además de las crecientes tasas de desempleo tanto entre los titulados universitarios como entre los no titulados.

Con frecuencia, los políticos no saben cómo abordar estos problemas. Algunas veces, castigan a las escuelas por no alcanzar el nivel exigido. Otras, financian programas educativos destinados a remediar sus deficiencias. Pero los problemas persisten y, en muchos aspectos, se están agravando. La razón es que muchos de ellos están causados por el propio sistema.

Todos los sistemas se rigen por sus propias normas. Cuando tenía unos veinte años, visité un matadero en Liverpool (ahora no recuerdo por qué; probablemente fui con una novia). Los mataderos están pensados para matar animales, y eso hacen; apenas sobrevive ninguno. Cuando llegamos al final de la visita, pasamos por delante de una puerta donde ponía VETERINARIO. Supuse que aquella persona debía de acabar la jornada bastante deprimida y pregunté al guía por qué el matadero disponía de los servicios de un veterinario. ¿Acaso resulta útil en un lugar como aquel? Él respondió que acudía de forma periódica para practicar autopsias al azar. Yo pensé: «A estas alturas, ya debe de haber encontrado un patrón de comportamiento».

Si creamos un sistema con un fin específico, no debemos sorprendernos si se logra esta meta. Si gestionamos un sistema educativo basado en la normalización y el amoldamiento que anulan la individualidad, la imaginación y la creatividad, no debemos sorprendernos que ocurra esto último.

Existe una diferencia entre síntomas y causas. La enfermedad que aqueja al actual modelo educativo presenta muchos síntomas que no remitirán a menos que comprendamos los problemas de base que los causan. Uno es el carácter industrial de la educación pública. En pocas palabras, el problema es este: la mayor parte de los países desarrollados carecían de sistemas públicos de enseñanza para la mayoría de la población antes de mediados del siglo XIX. Estos se desarrollaron en gran parte para satisfacer la demanda de mano de obra que produjo la Revolución Industrial, y estaban organizados según los principios de la producción en serie. En sus inicios, el propósito del movimiento de normalización del sistema educativo era mejorar la eficacia de este nuevo proceso de transformación económica, social y tecnológica exigiendo más preparación y responsabilidades a sus trabajadores. El problema radica en que, por su naturaleza, estos sistemas educativos ya no sirven para las necesidades completamente distintas del siglo XXI.

En los últimos cuarenta años, la población mundial se ha duplicado de tres mil millones de habitantes a más de siete mil millones. Somos el mayor número de seres humanos que jamás ha habitado la Tierra, y las cifras aumentan de forma vertiginosa. Asimismo, las tecnologías digitales están transformando nuestra forma de trabajar, de jugar, de pensar, de sentir y de relacionarnos. Esta revolución apenas está empezando. Los viejos sistemas educativos no se crearon con este mundo en mente. Mejorarlos aumentando los niveles académicos convencionales no resolverá los desafíos a los que nos enfrentamos en la actualidad.

No me malinterprete; no estoy diciendo que todas las escuelas sean espantosas ni que el sistema entero sea un desastre. Por supuesto que no. La educación pública ha beneficiado a millones de personas de las más diversas formas, incluso a mí. De no ser por la educación pública que recibí en Inglaterra, ahora mi vida no sería esta. Al haberme criado en una familia numerosa de clase obrera en el Liverpool de los años cincuenta, mi vida podría haber tomado un rumbo completamente distinto. La educación me abrió la mente al mundo que me rodeaba y me proporcionó las bases sobre las que he construido mi vida.

Para muchísimas otras personas, la educación pública ha sido la vía que les ha permitido realizarse, salir de la pobreza o superar circunstancias desfavorables. Muchas han triunfado dentro del sistema y han prosperado siguiendo sus reglas; sería absurdo negar esta evidencia. Pero también son numerosas las que no se han beneficiado como deberían de los largos años de educación pública. La gran cantidad de personas que no triunfa en el sistema paga muy caro el éxito de quienes sí lo hacen. A medida que el movimiento de normalización cobra fuerza, mayor es el número de estudiantes que están abocados al fracaso. Y demasiado a menudo, aquellos que salen adelante lo consiguen a pesar de la cultura educativa dominante, no gracias a ella.

Así pues, ¿qué puede hacer al respecto? Si es usted estudiante, educador, padre, administrador o responsable de la política educativa e interviene en la educación del modo que sea, puede llegar a ser parte de ese cambio. Para ello necesita tres formas de discernimiento: una crítica de la situación actual, una visión de cómo debería ser y una teoría transformadora para pasar de una a otra. Esto es lo que ofrezco en este libro basándome en mi propia experiencia y en la de muchas otras personas, y recurriendo a la investigación, a ciertos principios y ejemplos. ...

AUTOR

Ken Robinson

Ken Robinson

Ken Robinson es un líder internacionalmente reconocido en el desarrollo de la creatividad, innovación y los recursos humanos. Sus conferencias son requeridas en todo el mundo y tiene millones de seguidores en la web.