En ocasiones el alma siente que ha encontrado una paz y una felicidad convincente practicando alguna religión, adoptando una filosofía o persiguiendo un ideal artístico o intelectual. pero siempre una avasallante inquietud viene a mostrar que aquella religión no es la adecuada o es insuficiente: que aquella filosofía teórica resulta un apoyo inútil: o aquel ideal que el creyente construyó durante muchos años, cae destrozado a sus pies en un instante. ¿No existe una manera de escapar de la pena y el dolor? ¿Acaso la felicidad, la prosperidad y una paz permanentes, son tan sólo sueños inalcanzables? Existe una manera -nos dice James Allen- en que el mal puede desterrarse para siempre. Existe un proceso mediante el cual la enfermedad y la pobreza, así como cualquier situación o circunstancia adversa, pueden apartarse de nuestro lado para no regresar jamás.
James Allen nació en Leicester (Inglaterra) a finales del siglo XIX. A los quince años tuvo que abandonar sus estudios tras la muerte de su padre para hacerse cargo del mantenimiento de su familia. Publicó una veintena de títulos, algunos de los cuales han vendido millones de ejemplares. Su pensamiento influyó en autores como Norman Vincent Peale o Dale Carnegie.